Título: Pídeme lo que quieras
Autora: Megan Maxwell
Editorial: Versatil
Páginas: 464
Autora: Megan Maxwell
Editorial: Versatil
Páginas: 464
Serie:
1. Pídeme lo que quieras
2. Pídeme lo que quieras, ahora y siempre
3. Sin título
2. Pídeme lo que quieras, ahora y siempre
3. Sin título
Después de dejar pasar un tiempo prudencial desde que leí el horror de 50 sombras de Grey, he decidido darle otra oportunidad al género erótico que tan de moda está ahora. Sigue sin ser uno de mis géneros preferidos, pero lo leí en lectura conjunta con mis amigas y la verdad es que nos lo pasamos muy bien. El nuestro no es un club de lectura serio (por lo menos no ha habido propuestas en ese sentido de momento) y siempre buscamos libros para reírnos, desvariar o criticar; y desde luego este libro se ha llevado la palma en comentarios. Tenía el whatsapp on fire y sólo por eso se merece un reconocimiento.
Ha sido comparado con 50 sombras de grey y, aunque a mí me ha gustado más, si que lo encuentro un parecido. La protagonista de Pídeme lo que quieras, Judith, también cae por un guapísimo ejecutivo, en este caso su jefe, Eric, que tiene unos gustos sexuales bastantes raritos. No se trata de BDSM sino de otro tipo de juegos sexuales, sobre todo en grupo, con intercambio de parejas, tríos, orgías, voyeurismo, etc. Eric introduce a Judith en ese mundo y, aunque al principio a ella parecía no hacerle mucha gracia, al final le acaba cogiendo el gusto. La protagonista no es tan pavisosa como Anastasia, es una chica normal con su carácter y sus historias previas, y no tiene una diosa interior esquizofrénica (¡Gracias, Megan, gracias!). Eric es un chico enigmático en un principio, algo autoritario y rarito pero no me ha parecido tan psycho como Grey. Definitivamente creo que unos personajes algo más carismáticos y el hecho de que no se trate de BDSM (a mi el rollo de la sumisión acababa por indignarme...) han hecho que me guste bastante más que 50 sombras. Siento compararlos, pero yo sí que veo similitudes en su argumento a grandes rasgos y es mi único otro referente en literatura erótica.
Mi problema con estos libros es que siempre me parece que con tanta escena sexual parece que les falta argumento, una historia de fondo realmente interesante; es decir, que es todo una mera excusa para encadenar una escena con la siguiente. Cuando he terminado si he visto la evolución y en general no se me ha hecho pesado porque la verdad es que estaba flipando con algunas escenas. El sexo es mucho más subido de tono que en 50 sombras, las escenas están descritas más explicitamente, y la verdad es que a mi me han sorprendido, creo que es el libro más fuerte que he leído en este sentido. De hecho lo tuve que dejar de leer en el metro porque acabo dándome verguenza.
Otra cosa que quiero destacar es el estilo que tiene la autora a la hora de narrar. Llevaba mucho tiempo queriendo leer algo de Megan Maxwell y me ha gustado su estilo, es muy divertida la forma que tiene de contar la historia. Al principio me chocó un poco porque escribe de una forma muy muy informal, casi como te contaría una historieta una amiga con gracia, pero al final acabé cogiéndolo el punto. El único problema que veo es que utiliza muchísimas expresiones y referencias muy locales y quizá si no eres española te suena extraño y no conectes mucho con su estilo.
Ha sido comparado con 50 sombras de grey y, aunque a mí me ha gustado más, si que lo encuentro un parecido. La protagonista de Pídeme lo que quieras, Judith, también cae por un guapísimo ejecutivo, en este caso su jefe, Eric, que tiene unos gustos sexuales bastantes raritos. No se trata de BDSM sino de otro tipo de juegos sexuales, sobre todo en grupo, con intercambio de parejas, tríos, orgías, voyeurismo, etc. Eric introduce a Judith en ese mundo y, aunque al principio a ella parecía no hacerle mucha gracia, al final le acaba cogiendo el gusto. La protagonista no es tan pavisosa como Anastasia, es una chica normal con su carácter y sus historias previas, y no tiene una diosa interior esquizofrénica (¡Gracias, Megan, gracias!). Eric es un chico enigmático en un principio, algo autoritario y rarito pero no me ha parecido tan psycho como Grey. Definitivamente creo que unos personajes algo más carismáticos y el hecho de que no se trate de BDSM (a mi el rollo de la sumisión acababa por indignarme...) han hecho que me guste bastante más que 50 sombras. Siento compararlos, pero yo sí que veo similitudes en su argumento a grandes rasgos y es mi único otro referente en literatura erótica.
Mi problema con estos libros es que siempre me parece que con tanta escena sexual parece que les falta argumento, una historia de fondo realmente interesante; es decir, que es todo una mera excusa para encadenar una escena con la siguiente. Cuando he terminado si he visto la evolución y en general no se me ha hecho pesado porque la verdad es que estaba flipando con algunas escenas. El sexo es mucho más subido de tono que en 50 sombras, las escenas están descritas más explicitamente, y la verdad es que a mi me han sorprendido, creo que es el libro más fuerte que he leído en este sentido. De hecho lo tuve que dejar de leer en el metro porque acabo dándome verguenza.
Otra cosa que quiero destacar es el estilo que tiene la autora a la hora de narrar. Llevaba mucho tiempo queriendo leer algo de Megan Maxwell y me ha gustado su estilo, es muy divertida la forma que tiene de contar la historia. Al principio me chocó un poco porque escribe de una forma muy muy informal, casi como te contaría una historieta una amiga con gracia, pero al final acabé cogiéndolo el punto. El único problema que veo es que utiliza muchísimas expresiones y referencias muy locales y quizá si no eres española te suena extraño y no conectes mucho con su estilo.
Se trata de la segunda oportunidad que le doy al género erótico de moda y en esta ocasión me ha gustado más. Sigue sin ser de mis favoritos, pero me he divertido con esta historia gracias al estilo informal pero divertido de la autora y a unos personajes mucho menos insoportables que los de 50 sombras. También hay que tener en cuenta que se lleva un poco el factor de la novedad porque no es algo que lea frecuentemente, ni planeo hacerlo porque me resultan todos parecidos.



